Greenwich, II parte

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Volví a Greenwich, para ello tuve que exprimir el escaso tiempo que me quedaba. No había podido estar en el National Maritime Museum ni en el Royal Observatory, por lo tanto no había podido estar en el Meridiano 0° o Prime Meriden, como es conocido en inglés.

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A diario pasamos meridianos, a diario nos menos cambiando latitud u longitud, nuestras coordenadas varían con nuestro movimiento diario. Sin embargo, Greenwich es la línea que divide al mundo entre Este y Oeste, Occidente y Oriente. Tiene pues el encanto de lo especial, del hito único y singular.

Para alguien que, como yo, vive en Cádiz y está medianamente informado, hay una cierta familiaridad con Greenwich, no en vano por Cádiz pasó el meridiano 0° de los mapas españoles durante muchos años.

Fuente: blog Calle Ancha

Sin embargo, el Royal Observatory mucho más que sólo eso. Era el lugar de trabajo de personajes tan ilustres como Edmund Halley, Bradley y Maskelyne, astrónomos que ayudaron a comprender mejor nuestro cosmos, usando la palabra que tanto gustaba a Carlos Sagan y y que cuadra mucho mejor por cuanto que lo engloba todo.

En el museo del observatorio se conservan también los modelos originales de los relojes fabricados por Harrison, los Mark I, II y III instrumentos imprescindibles en su momento para la producción de un cronómetro marino preciso para el cálculo exacto de la longitud, una medida fundamental, vital en la navegación de tiempos pretéritos en la que aún no se contaban con la radio o el radar; conocer la longitud con precisión podía evitar desastres como el de la flota del almirante Shovell que colisionó con la costa de Scilly en 1707, perdiendo 4 barcos y centenares de vidas. La historia de Harrison y sus relojes y la lucha por el cálculo exacto de la longitud está magníficamente recogida en el libro de Dava Sobel Longitud, muy recomendable.

El National Maritime Museum es un museo altamente didáctico, no es una simple colección de cacharritos. La colección se organiza en diferentes exhibiciones en torno a una temática: el mundo atlántico, el comercio, la compañía de las Indias Orientales, Nelson, etc.

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Levita vestida por Nelson en Trafalgar, puede apreciarse el agujero de la bala que lo mató junto al hombro izquierdo

El Museo ocupa algunos edificios de lo que había sido la Royal Hospital School (o Royal Naval Schol). Flamsteed House (1675-1676), la parte original del Real Observatorio, fue diseñada por Christopher Wren y fue el primer complejo en Gran Bretaña construido para la investigación científica. Del conjunto forma parte también la Queen’s House, un edificio clásico del siglo XVII diseñado por Íñigo Jones, es el centro del paisaje histórico “parque y palacio” del Greenwich marítimo. Este conjunto es Patrimonio de la Humanidad de la Unesco desde 1997.

Los barcos tienen cara: Greenwich I parte

Efectivamente, los barcos tienen o, mejor dicho, tenían cara. En pocos sitios se mantiene la costumbre ancestral de pintar ojos en la proa de los barcos, especialmente, en los de pesca. En el Mediterráneo oriental, en algunos puntos de nuestra geografía, en la costa de Portugal… Se va perdiendo esta costumbre.

Sin embargo, hubo otro tiempo en que los barcos tenían cara, e incluso cuerpo. Hubo un tiempo en que el naviero, el propietario del barco o incluso el Estado dueño de un barco de guerra quería que éste luciese en todo su esplendor, no sólo debía ser útil, también debía ser bello. Los buques, entonces, lucían lo que se llamaba un mascarón de proa en el llamado tajamar (¡qué me gusta un vocablo náutico!). A veces esa figura se correspondía con el nombre del buque, a veces era sólo una figura alegórica.

IMG_20170817_172630El clipper Cutty Sark, en Greenwich

Todo esto vien a cuento de mi visita de hoy, más accidentada de lo que es deseable y que me ha forzado a reducir el numero de actividades. Después de perderme en un transbordo entre la Northern Line y la DLR y tras pasarme (bastante de la estación a la que tenía que ir) acabé llegando (tardísimo) a Greenwich. sin tiempo para ver casi nada opté por centrarme sólo en el Cutty Sark (no confundir con el whisky, no me emborraché, por supuesto que no). Se trata de un clipper del siglo XIX, de aquellos que hacía la carrera del té hasta China y que navegó hasta comienzos del siglo XX.

La historia de este buque es larga y accidentada, como bien sabe cuaquier lector de Conrad, por ejemplo. No voy a lanzarme a hablar de barcos, no, respiren tranquilos. Les enlazo al artículo sobre el Cutty Sark en la Wikipedia y vamos apañados.

Sin emabrgo, lo que más me gustó y atrajo del museo es la colección de figuras de tajamar o mascarones de proa (figurehead) que tiene expuesta en la parte del dique. Interesantísima, una colección más completa que la de Pablo Neruda en su casa de Isla Negra pero que, a buen seguro, tiene menos encanto y poesía que la del poeta.

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Visita que se me ha hecho muy corta y que prometo retomar lo antes posible. Hay mucho que ver en este lugar declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO