Formas de visitar un museo: un ratito en el British

Visitar un museo puede ser (como casi todo en la vida) una experiencia altamente gratificante o la peor de las pesadillas. La visita de esta tarde no ha llegado a la cota de pesadilla pero sí a la de sueño inquietante cuando menos.

Conocía este museo de una visita con mi familia seis años atrás. En aquella ocasión hubo oportunidad de ver salas en completa soledad casi, recuerdo cómo mi hijo y yo pudimos ver los frisos del Partenón sin más compañía que la del vigilante de la sala. En cambio, otros objetos fetiche, como la Piedra Rosetta, eran casi imposible de ver debido a la aglomeración de gente delante de los mismos.

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¿Harry Potter o el British? Gana Rowling por goleada (doy fe, el libro era de Harry Potter)

 

Hoy he vuelto a visitarlo, por fin  pude entrar después de soportar una cola razonable. y, cosa curiosa, se invirtió la situación de la vez anterior. Inaguantable la sala de los frisos del Partenón y soportable, en parte, la Piedra Rosetta. Dediqué mi mayor atención, como casi siempre, al arte babilonio y asirio y después me dediqué a observar a la gente y a pensar en la forma en la que contemplamos lo expuesto en los museos.

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Aprendes a dibujar usando la obra de Fidias como modelo
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O bien le das la espalda a Fidias y sólo escuchas al guía (o te duermes, que también es una posibilidad)
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Meditas sobre el paso del tiempo, muy útil en un museo histórico
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Pasas de todo a tu alrededor y te concentras en la pantalla de la audioguía (sí, he dicho audioguía)

 

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“¿Dónde está la brujita?¿Dónde?”
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Hazme una foto con esto de fondo
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O aquí… Da igual lo que tengo a mi lado

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El que dice que lo va a encontrar pronto y tiene a sus acompañantes esperando

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Selfies everywhere

 

 

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Exploradores perdidos por las salas del arte amerindio

Sin embargo, no puedes irte de Londres sin visitar el British, pero eso sí, elige bien qué quieres ver. Este museo puede llegar a ser realmente inabarcable.

 

 

Imperial War Museum

 

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Cartel dentro la exposición dedicada a la I GM en el Imperial War Museum

 

Primer día en Londres y lo dedico a una visita recomendada por un amigo, Rafael Marín Trechera, el Imperial War Museum. Sólo de mencionarlo, un friki de la historia como yo, comienza a salivar. Allá que voy y no voy a aburrir al personal con mis gustos y frikadas. Voy a detenerme en algo que me ha hecho pensar un buen rato.

Un museo dedicado a la guerra no es el lugar en el que uno espera encontrar un homenaje a la igualdad entre hombre y mujeres, mucho menos en las salas dedicadas a las guerras del siglo pasado y, por ende, tampoco en las dedicadas a la I Guerra Mundial.

Lo que llama la atención de cartel que expongo más arriba es el llamamiento directo a chicas adolescentes de 16 a 18 a que ofrezcan su esfuerzo (remunerado) en un conflicto que estaba sobrepasando, en aquellos momentos, los límites de la comprensión humana y que demandaba del esfuerzo de todos. Lo llamativo también, es que aclara que la educación de estas chicas (en los parámetros de una mentalidad casi decimonónica) se mantendría aun a pesar de estar éstas trabajando.

Me pregunto si hoy día podríamos garantizar con total seguridad dicha acción educativa y simultanearla con el esfuerzo de un trabajo encaminado a la victoria de una nación en un conflicto bélico