Camden

 

 

I walk through Camden town in the evening
Strolling silently and hardly breathing
Footsteps behind me slightly quicker
The corner of my eye a shadowy flicker

Estos versos pertenecen a la primera estrofa de Shadow of fear, de Madness, de su álbum de 1980 Absolutely. Al anochecer un tipo cualquiera pasea por Camden y unos pasos a sus espaldas lo atemorizan y pronto es presa del pánico. Puede que a principios de los ochenta Camden fuese un barrio que pudiera a temorizar a cualquiera que pasease por sus calles al anochecer.

Casi cuarenta años después Camden es un barrio asaltado todos los días por hordas de turistas que buscan unas Doc Martens a precio de saldo y no, nada más lejos de la realidad. Quizás las encuentren antes en Amazon o en los outlets online que aquí. Pero Camden es mucho más que tiendas bohemias con exornos increibles.

Camden conserva bastante del barrio que era en época victoriana. El barrio donde se ubicaban establos en lo que hoy día es Camden Market, un lugar que en su momento de apogeo llegó a albergar más de 800 caballos.

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En Camden puedes comer el mejor Fish and chips de Londres, en Poppies. En Camden puedes aún encontrar edificios tan increíbles como el Carreras Cigarette Factory, una especie de templo egipcio que, en realidad fue durante mucho tiempo una fábrica de cigarrillos y, en la actualidad, alberga servicios públicos del gobierno del Gran Londres.

Por Camden pasa también el Regent’s Canal, uno de esos canales que llegan hasta Manchester y que tanto tuvieron que ver con la Revolución Industrial y el despegue de Gran Bretaña como potencia industrial. Aquí se ubican las esclusas (Camden locks) que permitían a las barcazas subir de uno a otro nivel. Barcazas que eran remolcadas desde la orilla por los caballos que se alojaban en esos inmensos establos de Camden; allí también había un hospital equino donde atender a los caballos heridos en su ardua tarea.

Hoy día es un lugar donde darse un largo paseo y alejarse del ruido y el ajetreo de esta metrópoli. El Regent’s towpath es un bálsamo estupendo por el que caminar contemplando barcazas y algún que otro solitario pato

Camden es música, lo prueba que buena parte del brit pop nació allí y también la cantante que se ha convertido en un icono de dicho barrio: Amy Winehouse. Omnipresente en el mismo.

En definitiva, no hagais como el protagonista de la canción de Madness con la que empezaba este post y pasead sin miedo por Camden, dejaos caer por el Regent’s towpath y, si os atrevéis, haced como yo y llegad hasta Regent’s park, un paseo largo pero que merece la pena.

¿Qué hago yo aquí?

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Me voy a poner literario y voy a plagiarle vilmente el título a este muchacho que tan bien me cayó siempre, Bruce Chatwin, un tipo que se ganó la vida viajando (viajando de verdad, no como yo) y luego contándonos sus experiencias en libros tan interesantes como este mismo, En la Patagonia o El virrey de Ouidah. Mi destino no es nada exótico y mi estilo escribiendo es, claro está, infinitamente menos depurado por decirlo suavemente). Eso sí, me he venido a la patria de Chatwin, a Londres. La descabellada intención de mejorar mi inglés es el motivo que me ha traído aquí junto otros cuatro compañeros de mi Instituto de Enseñanza Secundaria.

Pero las clases y la tarea dejan algo de tiempo libre y, entonces, es cuando me zambullo en Londres y me dedico a andar, y a andar y a seguir andando y eso que mi tarjeta Oyster para el transporte está a punto de derretirse, pero ni aun así dejo de andar.

Las caminatas son necesarias si uno quiere aprehender cuanto más mejor de la vida en esta ciudad tan vibrante. El metro te priva de ver muchísimas cosas, así que es necesario compensar con esos buenos paseos. Pero es con una caminata con lo que empiezo el día antes de mis clases: Aldenham Street, Eversholt Street, Euston Square, Euston Road, Upper Woburn, Tavistock Square, Woburn Place, Russell Square hasta el 155 de Southampton Row. Mi camino a diario, más o menos, unos 15 minutos que suelen convertirse en 20 por la obligada parada diaria en Café Nero para comprar el café del desayuno.

La clase

La academia es estupenda. Francamente, si he de recomendarle a alguien que quiera estudiar inglés en Londres le diría que lo haga en St Giles. La organización, las instalaciones, el emplazamiento y, sobre todo, el profesorado y el personal en general es magnífico.

Los primeros días mi clase estaba formada, mayoritariamente, por japoneses hasta cinco ha habido dentro del grupo, a los que añadir una taiwanesa, un coreano del sur, una turca, un suizo de origen iraní, una brasileña, una chilena, un serbio, un colombiano y, claro, un servidor. Nunca más de doce personas. No obstante, los grupos son cambiantes, se van compañeros, llegan otros, no todos estamos allí para la misma cantidad de semanas.

El progreso en estas dos semanas creo que ha sido bastante evidente. El pasado martes me vi obligado a hablar delante de mi clase durante unos quince minutos, sin interrupción, sin dudar y, según Simon, mi profe, lo hice bastante bien. Espero dar la talla el próximo día 1 en el speaking para obtener el C1. 

Como todas las academias de inglés en el Reíno Unido, St Giles cuenta con un amplio programa de actividades culturales y excursiones, del cual no puedo decir mucho porque, por elección propia me he mantenido algo al margen, ya que prefería ver todos esos sitios que tantas ganas tenía de ver y ha sido esta segunda semana cuando, por fin me he decidido a participar en alguna actividad social: el afternoon tea.

 

Sin embargo, haber renunciado a las actividades sociales me ha permitido hacer y ver todo esto:

Y eso sólo fue la primera semana. Hasta ahora, esta semana he podido hacer todo esto

Y aún me queda hablar de Camden, el barrio más cercano a mi residencia y, quizás, uno de los más característicos de esta ciudad. Queda también cerrar el post sobre Greenwich… pero, eso será otro día. A descansar, que mañana hay clase

Sunday afternoon

Save me, save me, save me from this squeeze.
I got a big fat mama trying to break me.
And I love to live so pleasantly,
Live this life of luxury,
Lazing on a sunny afternoon.
In the summertime
In the summertime
In the summertime

Lo decían The Kinks en esta canción de finales de los 60s: “Lazing on a sunny afternoon”. Aunque, en realidad, ha habido poco laziness. Desde Camden hasta la Tate Britain y ver el edificio del MI6 al otro lado del Vauxhall Bridge. Después de empacharnos de Turner, Bacon, Moore, Lawrence y otros artistas británicos , paseo hasta Covent Garden Market, pasando por el edificio del Parlamento y después por Trafalgar Square. Para acabar por la tarde en el tube (metro) hasta Knightsbridge (sí, por supuesto, al topicazo de Harrod’s ¡cómo no!), South Kensington, Brompton Oratory (iglesia católica neo barroca de visita muy recomendable)y que da título a una canción de mi muy admirado Nick Cave:

Up those stone steps I climb
Hail this joyful day’s return
Into its great shadowed vault I go
Hail the Pentecostal morn
The reading is from Luke 24
Where Christ returns to his loved ones
I look at the stone apostles
Think that it’s alright for some
And I wish that I was made of stone
So that I would not have to see
A beauty impossible to define
A beauty impossible to believe
A beauty impossible to endure
The blood imparted in little sips
The smell of you still on my hands
As I bring the cup up to my lips
No God up in the sky
No devil beneath the sea
Could do the job that you did, baby
Of bringing me to my knees
Outside I sit on the stone steps
With nothing much to do
Forlorn and exhausted, baby
By the absence of you

Para acabar en la residencia en la que me alojo, escuchando ambas canciones (y otras más) mientras escribo estas líneas. Como puede verse, un domingo poco o casi nada lazy.