Belfast for beginners

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Ahí está el tío, en Shankill Road, Belfast, delante del llamado “Muro de la Paz” un eufemismo como cualquier otro para referirse a un muro que no debería existir.

Para mí, Belfast es Sean Duffy, el detective católico miembro del RUC, personaje de las novelas de Adrian McKinty; Belfast es la serie The Fall, con Gillian Anderson como detective persiguiendo a un asesino en serie por sus calles; y, por supuesto, como para cualquiera interesado en la Historia contemporánea, Belfast es The Troubles.

Muy despistado o muy decididamente ignorante tiene que ser alguien nacido, como yo, a mediados de los años sesenta del siglo XX, como para desconocer por completo el conflicto del Ulster o de Irlanda del Norte. Un conflicto en el que muchos vieron un paralelismo clarísimo (yo no lo veo) con el terrorismo de ETA. No voy a echar aquí en disquisiciones históricas, no es el sitio, sólo diré eso: yo no veo tal paralelismo.

Volvamos. al asunto que nos atañe y que da título a esta entrada. Nos llevaron a Belfast dentro del llamado Social Program de nuestra inmersión. Casi dos horas en autobús separan a Dublín de la “otra capital” de Irlanda, de esa Irlanda que no forma parte de la República, de la Irlanda dependiente de Londres.

Bienvenidos al Ulster

Casi no tuvimos tiempo de disfrutar la ciudad natal del León de Belfast, Van Morrison, sin embargo no pude evitar dedicar un rato al Museo y, por supuesto, a bucear en la historia reciente del Ulster.

La visión que dicho museo ofrece sobre The Troubles es, lógicamente, muy nacionalista desde el punto de vista del Unionismo, incluso significativamente más pro británica que la ofrecida por el mismo Imperial War Museum de Londres.

Antes de abandonar Belfast pasamos por Shankill Road de camino al “muro de la Paz” unabuena ocasión para reparar en los murales pintados allí y ver cómo las visiones del mundo cambian a uno y otro lado de dicho muro.

Frederick Douglass y los exiliados republicanos españoles comparten en el mismo sitio que la lucha por la liberación de Palestina. Entre los murales una placa nos recuerda las graves diferencias que aún persisten en la sociedad del Ulster, unas diferencias que tienen su raíz en una división de carácter religioso y, por supuesto, ideológico.

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Desigualdad religiosa en la vivienda

Calle arriba, pasando la puerta que cerraba el paso a Shankill Road, los murales nos recuerdan a los irlandeses que lucharon del lado del Imperio en las dos guerras mundiales, siendo muy llamativa la profunda huella que dejó la I Guerra Mundial,

La huella de un intento de incendio es palpable en el mural dedicado a los pilotos de la RAF en la Batalla de Inglaterra. Una clara señal de que las desacuerdos no han quedado del todo enterrados por el acuerdo de Stormont y quién sabe si pueden rebrotar con el Brexit y sus inmediatas consecuencias para el Ulster.

Antes de marcharnos nos quedó bien claro con quién se alinean los católicos del Ulster en lo referente al secesionismo catalán.

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Por si quedaba alguna duda

British library y Tate modern

No tenía previsto visitar la British Library aun a pesar de tenerla a escaso cinco minutos de mi residencia. Es enorme y descomunal, pero no la tenía como uno de mis imprescindibles. Sin embargo…

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Sin embargo, la visión de este cartel a diario ha actuado como el perfecto cebo para un historiador y, finalmente, he cedido a la tentación.

La British es una mole de edificio al lado de otro no menos imponente, la estación de ferrocarril de St Pancras international, un descomunal edificio neogótico de tonalidades rojizas, debido a los ladrillos con que está construido. Desde aquí sale el tren Eurostar que une Londres con París y Bruselas a través del túnel submarino del Canal de la Mancha.

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Al acceder al patio anterior de la biblioteca encontramos una estatua que representa Newton, fundida en bronce por Edoardo Paolozzi y que se inspira claramente en los dibujos de William Blake

En esta biblioteca hay restaurantes, tiendas y cafetería y, sobre todo, mucha vida. Es un lugar cómodo y pensado para que el investigador se sienta a gusto; razón por la cual no es extraño poder compara en la tienda de la biblioteca un adaptador para cualquier clase de enchufes, algo que puede necesitar todo el que vaya armado de su portátil y que, cualquiera, puede dejarse en casa.

100 años, un siglo ya de la Revolución rusa. El segundo acto (si tomamos a la I Guerra Mundial como el primero) del que denominó Eric Hobsbawm el “corto siglo XX”. La exposición es un recorrido por el contexto histórico previo a la revolución, la Gran Guerra, la propia revolución y, finalmente la guerra civil y la muerte de Lenín. Carteles, fotografías, películas e incluso grabaciones de audio de discursos de Lenín… Una exposición muy interesante que se basa, esencialmente, en los fondos de la propia biblioteca.

Pocas imágenes puedo poner de la expo, no en vano estaba prohibido tomarlas, pero ¡ejem! aquí van algunas. Disculpad la poca o nula calidad de las mismas.

Y también tenían el famoso cartel de la CUP, perdón, no el de la CUP pero sí uno de los que usó para inspirarse su diseñador. Pongo los dos y así lo dejo más claro.

 

La Tate Modern, otro edificio descomunal, otra mole. El templo del “arte difícil”. Es broma, pero no es menos cierto que si vienes dispuesto a encontrarte obras como las de la National Gallery o, incluso el Tate Britain mejor que no entres. Se encuentra alojado en la antigua central de energía de Bankside, en la orilla sur del Támesis. Originalmente diseñada por sir Giles Gilbert Scott y construida entre 1947 y 1963. Dejó de funcionar como central eléctrica en 1981 y el edificio fue reconvertido en museo por los arquitectos suizos Herzog & de Meuron, quienes dieron al edificio su imagen actual. Picasso, Miró, Dalí, Kandinsky, Max Ernst, Mondrian, Matisse, Degás, Ai Wei Wei, Bruce Naumann son sólo algunos de los artistas que tienen obras en este museo tan apabullante en lo arquitectónico.

 

Imperial War Museum

 

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Cartel dentro la exposición dedicada a la I GM en el Imperial War Museum

 

Primer día en Londres y lo dedico a una visita recomendada por un amigo, Rafael Marín Trechera, el Imperial War Museum. Sólo de mencionarlo, un friki de la historia como yo, comienza a salivar. Allá que voy y no voy a aburrir al personal con mis gustos y frikadas. Voy a detenerme en algo que me ha hecho pensar un buen rato.

Un museo dedicado a la guerra no es el lugar en el que uno espera encontrar un homenaje a la igualdad entre hombre y mujeres, mucho menos en las salas dedicadas a las guerras del siglo pasado y, por ende, tampoco en las dedicadas a la I Guerra Mundial.

Lo que llama la atención de cartel que expongo más arriba es el llamamiento directo a chicas adolescentes de 16 a 18 a que ofrezcan su esfuerzo (remunerado) en un conflicto que estaba sobrepasando, en aquellos momentos, los límites de la comprensión humana y que demandaba del esfuerzo de todos. Lo llamativo también, es que aclara que la educación de estas chicas (en los parámetros de una mentalidad casi decimonónica) se mantendría aun a pesar de estar éstas trabajando.

Me pregunto si hoy día podríamos garantizar con total seguridad dicha acción educativa y simultanearla con el esfuerzo de un trabajo encaminado a la victoria de una nación en un conflicto bélico