Oulu · observación del sistema educativo · 2–8 febrero de 2020

Crónicas completas de esta movilidad, reunidas en orden. Se conservan las publicaciones originales y sus comentarios.

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OULU (FINLANDIA) DÍA O

Publicación original: 02/02/2020 · Esperanza Mateos Donaire · Leer original y comentarios

Recién llegada, después de haber visto desde el avión una puesta de sol que parecía fuego (a las cuatro de la tarde) pateando nieve al bajar del autobús urbano, como si la viera por primera vez… ¡Estoy en Oulu! Mañana por la mañana me recoge mi coordinador, Seppo Saloranta, y comienzo mi curso Erasmus a las 8:30… Pero hoy, inopinadamente, ya he tenido un primer contacto con otros Erasmus españoles que, como yo, vienen a buscar experiencias en el invierno nórdico. Un contacto imprevisto, pero muy grato, con unos profesores cordobeses que volaban a Helsinki. Llevaban niños de 5º de primaria a una residencia de estudiantes donde convivirían, durante esta semana, con otros niños de diferentes países. Me hablaron de su colegio, de su programa, de sus aspiraciones. Yo les hablé de nuestro instituto, de lo grande, lo variopinto y lo versátil que es.

Estuve observando el modo en que tranquilizaban a sus alumnos, que eran muy pequeños (o me lo parecían a mí, acostumbrada como estoy a los adolescentes) y algunos lloraban: era la primera vez que volaban. ¡Qué arte el de sus maestros para calmarlos! Incluso lograron que tuviesen un vuelo divertido y les pusieron en contacto con otros viajeros, finlandeses, japoneses o españoles, como yo, para que abriesen sus horizontes y practicasen inglés…

Viendo a esos docentes cordobeses me sentí como si mirase desde fuera mi propio oficio, y me dije: qué grandes somos los profesores. No sé de qué pasta estamos hechos, pero somos gente especial. Con verdadero talento.


OULU (FINLANDIA) DÍA 1

Publicación original: 03/02/2020 · Esperanza Mateos Donaire · Leer original y comentarios

Comenzamos… Presentaciones de todos los centros que participamos en este curso. Hay equipos directivos de Italia, Austria, Bélgica, Polonia, Holanda… Y de España, por supuesto. Lo mejor de la mañana son los vídeos que cada cual expone: contamos quiénes somos, de dónde venimos, cuáles son nuestros centros, cómo son. Nos hacemos preguntas los unos a los otros. A mí, lo que más me preguntan es: «¿Cómo es dirigir un centro tan grande?». Les llaman la atención nuestros mil alumnos, nuestros 75 teachers y, sobre todo, lo variopinto de nuestras enseñanzas.

En cuanto a lo que me llama la atención a mí… Me ocurre algo muy curioso: yo venía pensando en las diferencias entre los diversos sistemas educativos europeos. Pero, al llegar, en la jornada de hoy, son los puntos en común lo que me interesa. ¡Porque hay muchos! Las enseñanzas artísticas, el plurilingüismo, la creatividad, la atención a la diversidad… Hay muchos caminos en los que podemos encontrarnos.

A la salida, a las tres de la tarde (parecen las seis o las siete de España), cruzamos un parque completamente cubierto de nieve y transitamos por puentes sobre un río congelado. Pienso que, más que nunca, «El Erasmus+ del Lara». Tenemos -9º y a mí me parece fantástico. Mañana, con toda esta nieve, empezaremos a visitar centros escolares.

Decididamente, sí, fantástico.

(To be continued)


Oulu (Finlandia) día 2

Publicación original: 04/02/2020 · Esperanza Mateos Donaire · Leer original y comentarios

En finés, «koulu» significa escuela. Me di cuenta de ello cuando vi el cartel con el nombre del centro que hemos visitado hoy: Kaakurin Koulu (Kaakurin School, decíamos nosotros). Un centro situado a 15 kilómetros de la ciudad, junto a un bosque precioso y rodeado de nieve. Es un centro de enseñanzas básicas (desde los seis hasta los dieciséis años). Los pequeños, en la planta baja; los mayores (como los nuestros de secundaria y bachillerato) en la parte superior. Pero todos en un edificio luminoso y amplio, con entreplantas acristaladas y unas vistas preciosas.

Supongo que eso fue lo que me impresionó nada más llegar. El entorno y las instalaciones. Pero apenas transcurrida la primera hora de mi job shadowing de hoy, lo que me empezó a sorprender de veras fue el clima que existe en el espacio escolar: sin timbres, con los alumnos moviéndose por los pasillos con absoluta libertad, sin profesores de guardia (tampoco en el recinto exterior) que les dijesen a los alumnos «Aquí no puedes estar», «Aquí no se puede comer», «¡No gritéis!»… ¿Por qué iban a hacer eso? ¡No era necesario! Todos los niños, los pequeños y los mayores, sabían perfectamente dónde tenían que estar en cada momento, y cómo debían comportarse en cada espacio. Su libertad era producto, o correspondencia, de una responsabilidad en sus hábitos que, sin duda, aprenden desde la etapa de kindergarten. Y que tiene que ver también con ese respeto al entorno escolar que caracteriza la cultura finlandesa. Era casi como si estuviesen en su casa. Ni un papel en el suelo, ni una pintada en las paredes, ni un grito o exclamación fuera de lugar. ¡No necesitan profesores de guardia! Entonces pensé eso, que los jóvenes alumnos se sentían como en su casa, y cuidaban el entorno escolar como su hogar.

No, no quiero caer en comparaciones que a nosotros nos hagan de menos, ni a nadie. Todos los sistemas tienen sus virtudes y sus defectos. Pero sí tengo claro que un espacio en el que todos, alumnos y profesores, puedan sentirse cómodos y conscientes del lugar que ocupan en él, un espacio donde las normas están ya interiorizadas como algo imprescindible para sentirse cómodos, ese es el espacio que garantiza la convivencia y, por tanto, el más halagüeño para desarrollar la tarea magnífica de enseñar y aprender.


Oulu (Finlandia) día 3

Publicación original: 05/02/2020 · Esperanza Mateos Donaire · Leer original y comentarios

Imaginad un aula que no tiene puertas, un aula que forma parte de un espacio abierto, comunicada con otras estancias donde hay ordenadores, tabletas, sillones de lectura, pequeñas bibliotecas clasificadas por temas en distintos puntos de unos amplios y luminosos pasillos.

Imaginad ahora a los habitantes de esos espacios. ¿Qué están haciendo? Un docente marca los objetivos del día a sus alumnos, les indica una serie de tareas y les da unas orientaciones. Los jóvenes entran y salen libremente del aula: van a la biblioteca, al laboratorio de Ciencias (donde, por cierto, hay un asistente) o se reúnen a trabajar por grupos en una mesita redonda, utilizan ordenadores portátiles o tabletas que están repartidos y etiquetados en diversos puntos, realizan las tareas que les han encomendado. Vuelven al aula cuando tienen dudas, cuando han terminado, cuando necesitan más instrucciones… La libertad de sus movimientos es consecuencia de su responsabilidad, su responsabilidad es un hábito en el que sus profesores les han instruido cuidadosamente, y ese hábito adquirido no es ni más ni menos que el principio de respeto al entorno escolar y a los materiales y espacios comunes.

¿Imagináis una forma de trabajo como esta? Es la metodología que se aplica en Talvikangas Koulu: open learning environment. Los entornos de aprendizaje abierto se basan en la flexibilidad que requiere el hecho de que hay diferentes ritmos de aprendizaje: cada joven aprende de una forma, cada cual requiere estrategias distintas. Es tarea del docente encontrar cuáles de ellas son las adecuadas para cada alumno y ponerlas en práctica. Pero para que ese sistema tenga éxito, dos requisitos son imprescindibles: la inversión económica en educación (en las instalaciones, en los materiales y, sobre todo, en la contratación de profesores) y esa cultura de respeto a lo público, a lo que es de todos.

El Talvitangas School es, simplemente, deslumbrante. Su director nos habló del presupuesto que tienen, y no lo escribiré aquí porque está feo hablar de dinero, pero he empezado este post diciendo «imaginad», así que os animo a seguir imaginando.

Pero, como me ocurrió ayer, no eran sus impresionantes instalaciones lo que más me deslumbraba, ni la abundancia de sus recursos, ni siquiera la belleza del entorno natural que lo rodea (imaginad ahora los bosques nevados y una pista para jugar al hockey sobre hielo rodeada de abetos). Lo que más me deslumbra es el espacio de convivencia articulado en dos ejes perfectamente acompasados entre sí: libertad y responsabilidad.

Imaginad cuál es el lema de esta escuela: «Cuida de ti mismo, cuida de los demás, cuida de tu entorno».

Imaginad… seguid imaginando… Seamos creativos e imaginativos. Ese puede ser un comienzo.


Oulu (Finlandia) día 4

Publicación original: 06/02/2020 · Esperanza Mateos Donaire · Leer original y comentarios

Ayer reflexionaba sobre la responsabilidad. La palabra «responsabilidad», etimológicamente, significa «capacidad para responder». Responder por aquello que hacemos, por lo que depende de nosotros o por lo que tenemos. Responder a veces por cosas que damos por sentadas, como la convivencia o el medio ambiente.

Timonsenkosken Luontokoulu es el nombre de una escuela que se traduce al inglés como Timonsenkoski nature school, y para la que yo me he inventado una traducción al español: Timonsenkoski: escuela escondida en el bosque. Ese es el concepto que se representó en mi cabeza al conocerla. En esta región de Finlandia, región de bosques, de islotes unidos por capas de hielo, de mares congelados (sí, en serio, mares congelados, aunque de esto os hablaré otro día) hay escuelas escondidas entre los abetos y los abedules. Timonsenkoski es una de ellas. Ahí, el aula es versátil: puede ser un lago donde estudiar el ecosistema, una ladera donde la nieve forma un tobogán, un árbol donde anidan las aves, un horizonte donde avistar auroras boreales. La metodología es sencilla, yo diría que primaria, como el espacio natural en el que nos encontramos. Se trata de observar. Con paciencia, con respeto, con admiración silenciosa. De contemplar el espectáculo de la naturaleza y llevar pequeñas muestras al laboratorio de fotografía o de ciencias. Ese silencio, esa observación, no son incompatibles con el juego. Los niños más pequeños se deslizan en los toboganes de nieve, justo a la salida de la escuela. Los adolescentes practican el esquí en caminos cercanos que se abren en el bosque. Nuevamente, nos encontramos ante esa perfecta -y tal vez misteriosa- combinación de libertad y responsabilidad.

En todo caso, Timonsenkoski podría darnos una clave sobre el misterio que entraña para nosotros esa combinación. ¿Cómo ser libres y ser, a la vez, responsables? El comportamiento responsable se basa en las relaciones positivas. Con las personas, con el entorno, con la naturaleza. Esa es, quizás, la mejor lección que se aprende en las «escuelas escondidas en los bosques».


Oulu (Finlandia) día 5

Publicación original: 07/02/2020 · Esperanza Mateos Donaire · Leer original y comentarios

Son las ocho de la mañana. Está nevando. Viajamos en un autobús urbano que nos lleva a Laanila Upper Secondary School. «Los padres y los políticos confían en los docentes», nos cuenta Jukka Alatalo, uno de los profesores finlandeses que nos guían en esta experiencia. Y, de pronto, caigo en la cuenta. La confianza, claro, cómo no lo había pensado antes. Otra clave del éxito del sistema educativo en Finlandia.

Desde el primer día me sorprendió que los profesores de aquí no estén cumplimentando burocracia a todas horas, que los niños se muevan con libertad por los centros escolares sin que sus tutores tengan que recabar autorizaciones familiares para todo, que las escuelas tengan autonomía real para forjar proyectos y llevarlos adelante sin tener que rellenar doscientos informes, que los profesores no se sientan constreñidos por el currículum, sino apoyados en la tarea de desarrollar destrezas y metodologías realmente prácticas. Ahora comprendo por qué.

En el instituto Laanila, los profesores trabajan con la certeza de que cualquier cambio que sea necesario en la sociedad debe comenzar en la escuela. Saben también que construir el futuro consiste en mantener una esperanza activa, y convertir cada obstáculo en un desafío, un paso hacia la acción. Esa actitud determina su metodología. Y para llevarla a cabo cuentan con el apoyo de la sociedad y las instituciones: estas confían en ellos. Y así desarrollan programas diversos de apertura a otros países y culturas (Comenius, Erasmus) o de concienciación sobre el mundo que les rodea y que desean mejorar. Sí, el cambio debe comenzar en los propios centros escolares: igualdad, desarrollo sostenible, respeto al patrimonio cultural.

Hablaba estos días de libertad y responsabilidad… Hablemos hoy de confianza. Confianza -por parte de los políticos, de la sociedad y de las familias- en la labor de los profesores, que no quieren otra cosa más que extraer de los jóvenes lo mejor que estos pueden dar. Y, también, confianza de los profesores en nuestros alumnos. Que seamos capaces de vislumbrar en ellos ese futuro que queremos construir, de depositar en ellos una esperanza activa.

Una esperanza activa… En la pizarra del aula de Ciencias Sociales encuentro escrita esta frase: «Hope is a verb with its shirtsleeves rolled up» (David Orr.) Y siento que esas palabras son un regalo de despedida de este job shadowing.

Mañana es mi último día en Oulu. Os escribiré de nuevo, esta vez para hablaros de la aurora boreal, del mar de hielo y de los bosques misteriosos.


Recordando Oulu en el viaje de vuelta. Día 6

Publicación original: 08/02/2020 · Esperanza Mateos Donaire · Leer original y comentarios

Día 6, y último día… o tal vez no. Lo cierto es que esperaba aterrizar esta noche en Jerez de la Frontera, pero un retraso del vuelo me llevó a perder la conexión con Madrid y… bueno, no entraré en detalles. El hecho es que ahora estoy en Helsinki. Es de suponer que mañana volveré a casa, pero no apostaré por nada. Y es que esta no es la primera incidencia de este viaje… ni la segunda. Pero no os hablaré de eso, porque son gajes del oficio de viajera y ni las maletas que deciden volar en otros vuelos, ni los resbalones que he tenido caminando sobre la nieve helada, ni mucho menos los retrasos en los vuelos me han impedido disfrutar de este viaje. Al contrario. Salir de la zona de confort, adentrarse en lo extraño, ese es el verdadero viaje.

¿Cómo no disfrutar de esta experiencia de la nieve, del frío bajo cero -muy bajo cero- de auroras boreales y del mar congelado? Hoy quiero hablaros de eso, porque además de haber conectado con compañeros nuevos, con un sistema educativo diferente, además de haber intercambiado impresiones profesionales y vitales con otras personas y haberme enriquecido con sus historias, he tomado contacto con un espacio natural insólito para alguien como yo, alguien que viene del Sur. Y eso es también algo que me llevo conmigo, para compartirlo a mi vuelta. Por ello, aunque a estas horas tal vez yo debería estar preguntándome cómo culminaré el viaje de regreso, me apetece mucho más recordar el extrañamiento de esas experiencias.

A veces vivimos cosas que van más allá de lo soñado, cosas que nunca habíamos imaginado siquiera. Por ejemplo, nunca imaginé que fuese posible caminar sobre el mar. Pero resulta que, en el Golfo de Oulu, mis compañeros de Erasmus y yo lo hemos hecho. Un paseo de cuatro kilómetros por un sendero abierto en el bosque permite llegar a la playa de Nallikari (la «Riviera finlandesa») y allí sientes el tránsito de la nieve al hielo, notas un crujido bajo tus pies, y comprendes que es el mar helado lo que estás pisando.

Al otro lado de los árboles, las olas congeladas en la playa de Nallikari y el mar convertido en una extensión de hielo

No, evidentemente nunca imaginé un mar congelado. Pero sí soñé con las luces del Norte, leí sobre ellas, las busqué muchas veces. Claro… estoy hablando de las auroras boreales, que son caprichosas e imprevisibles. Y sin embargo yo tenía un presentimiento. El hielo de la playa de Nallikari había ejercido su magnetismo, y además los cielos de aquí dicen cosas: hablan con sus luces misteriosas, con sus rojísimos atardeceres, con su brillo cuando despejan tras las nevadas. Hablan. Así que volví a Nallikari. Y entonces a -16º cuando el cielo se despejó después de una nevada, vi el espectáculo de las luces del norte. Silenciosas y frías, distantes, indiferentes a mi fascinación.

Desde el Sur hasta el Norte de Europa, el recorrido es largo, el viaje a veces es difícil. La fascinación y el extrañamiento no son siempre experiencias fáciles de vivir: te sientes lejos de todo lo tuyo, estos no son tus bosques, este no es tu mar, esta no es tu forma de vida. Pero en eso radica el valor de la experiencia. Porque el verdadero sentido del viaje no está en la meta ni en los objetivos. Está en el viaje en sí mismo. Lo mejor de los caminos no es alcanzar su final. Lo mejor es andarlos.