Dublín, nuevas ideas y una forma diferente de mirar el aula: mi experiencia Erasmus+

Hay viajes que te permiten conocer lugares nuevos y otros que, además, te hacen volver a casa con la cabeza llena de ideas, nuevas amistades y ganas de hacer las cosas de otra manera. Mi experiencia Erasmus+ en Dublín ha sido una mezcla de todo eso.

Durante varios días tuve la oportunidad de participar en un curso de formación centrado en el uso de herramientas digitales y aplicaciones educativas, con especial atención a las posibilidades que ofrecen la inteligencia artificial y las nuevas tecnologías para la enseñanza de idiomas. Pero, más allá de aprender a utilizar nuevas herramientas, esta experiencia me ha servido para reflexionar sobre algo que considero fundamental en nuestra profesión: cómo conseguir que el alumnado se implique, disfrute aprendiendo y encuentre sentido a lo que hacemos en clase.

Aprender, experimentar y llevar nuevas ideas al aula

El curso comenzó con actividades para conocernos, compartir nuestras experiencias docentes y descubrir qué buscaba cada participante en esta formación. Desde el primer momento, el intercambio de ideas con profesores de otros países fue una de las partes más interesantes. Aunque trabajamos en contextos educativos diferentes, muchos de nuestros retos son sorprendentemente parecidos: mantener la motivación, atender a la diversidad del alumnado y encontrar nuevas formas de enseñar que conecten con sus intereses.

A lo largo de las sesiones fuimos explorando distintas maneras de integrar la tecnología en nuestras clases. Trabajamos con herramientas de Google y aplicaciones que permiten crear historias digitales, cómics, actividades interactivas y propuestas para desarrollar la expresión escrita. También descubrimos cómo utilizar imágenes, obras de arte y música como punto de partida para trabajar el vocabulario, la comprensión y la expresión oral.

Una de las ideas que más me llevo es que la tecnología resulta especialmente interesante cuando nos permite hacer algo que antes nos costaba más conseguir: despertar la curiosidad, ofrecer diferentes formas de aprender y dar al alumnado un papel más activo. No se trata de utilizar una aplicación simplemente porque sea novedosa, sino de preguntarnos qué aporta realmente a nuestra actividad y cómo puede ayudarnos a alcanzar nuestros objetivos.

También dedicamos tiempo a los juegos, los cuestionarios digitales y las actividades de gramática planteadas de una forma más dinámica. Son recursos que pueden convertir contenidos que a veces resultan repetitivos en pequeños retos, favoreciendo la participación y ofreciendo oportunidades para aprender a partir del error sin que este se viva como algo negativo.

La narración de historias, el arte, la música y el cine fueron otros de los grandes protagonistas. Experimentar con vídeos y herramientas de edición me hizo pensar en la cantidad de posibilidades que tenemos para trabajar el inglés a partir de materiales cercanos al alumnado y de formatos que forman parte de su día a día. A veces, cambiar la manera de presentar una actividad puede marcar una gran diferencia en la respuesta de nuestros estudiantes.

En cuanto a la inteligencia artificial, esta formación también me ha permitido seguir reflexionando sobre su potencial educativo. Creo que puede ser una gran aliada para diseñar materiales, adaptar actividades a distintos niveles y plantear propuestas más creativas, siempre que la utilicemos con criterio pedagógico y sin perder de vista que la tecnología está al servicio del aprendizaje, no al revés.

poniendo en práctica las herramientas de IA

Dublín: mucho más que un curso

Por supuesto, una experiencia Erasmus+ no se vive únicamente dentro del aula. Dublín me conquistó desde el principio. Pasear por sus calles, descubrir sus rincones y disfrutar del ambiente de la ciudad hizo que cada día tuviera algo especial. Es una ciudad llena de vida, con una personalidad propia y una mezcla de historia, cultura y modernidad que invita a seguir explorando.

Uno de los lugares que más me impresionó fue la universidad. Me encantó visitarla y conocer un espacio que transmite tanta historia y tradición académica. Fue, sin duda, uno de esos lugares que se quedan grabados en la memoria y que hacen que merezca todavía más la pena viajar para aprender.

También tuve la oportunidad de hacer una excursión a Howth, donde pude disfrutar de un entorno natural completamente diferente al de la ciudad. La costa, los paisajes y la tranquilidad del lugar fueron el contrapunto perfecto a unos días intensos de formación y descubrimientos.

Pero si algo ha hecho especial este viaje han sido las personas. Compartir la experiencia con compañeros de distintos países me ha permitido conocer otras realidades educativas, escuchar diferentes puntos de vista y establecer amistades que han ido mucho más allá de las sesiones del curso. Es enriquecedor comprobar cómo, a pesar de nuestras diferencias culturales y profesionales, nos unen las mismas ganas de aprender, mejorar y ofrecer lo mejor a nuestro alumnado.

Volver con la mochila llena

Al terminar la formación, me llevo nuevas herramientas, recursos que quiero poner en práctica y muchas ideas para seguir experimentando en mis clases de inglés. Algunas las incorporaré directamente; otras necesitarán adaptación, tiempo y reflexión. Porque una de las cosas que he aprendido es que innovar no significa cambiarlo todo de golpe, sino atreverse a probar, observar qué funciona y seguir mejorando.

Me llevo también la satisfacción de haber salido de mi entorno habitual, haber aprendido junto a docentes de otros lugares y haber vivido una experiencia que combina desarrollo profesional y crecimiento personal.

Erasmus+ me ha recordado que nuestra formación no termina nunca y que, como docentes, también necesitamos vivir experiencias que nos inspiren, nos saquen de la rutina y nos ayuden a mirar nuestra profesión con ojos nuevos.

Regreso de Dublín con muchas ganas de llevar parte de todo lo vivido a mi aula. Y, sobre todo, con la sensación de que aprender, compartir y descubrir otras formas de enseñar es una de las mejores maneras de seguir creciendo como profesora.

Slán, Dublín. ¡Hasta la próxima!

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